Tracción animal


Schopenhauer, el filósofo, aparte de venerar a sus caniches, solía lanzar las más duras invectivas a los cocheros que, desde lo alto de sus pescantes, hacían chasquear el látigo. No soportaba ese sonido, decía siempre, y el maltrato hacia los animales enervó al filósofo hasta el fin de sus días y lo empujó a reafirmarse en su sincera opinión sobre la condición humana, que, todo sea dicho, era nefasta.

Una fotografía de El País de una de las calesas pronto prohibidas.

Los carruajes tirados por caballos han desaparecido de las grandes ciudades y en Barcelona quedan un par de calesas (literalmente, dos) que se utilizan para pasear turistas a 40 euros la hora. Al final de las Ramblas se oye, de vez en cuando, el clop, clop, clop de las herraduras de un tiro parsimonioso y funcional, muy alejado del brío y el encanto de los tiros de campeonatos de hípica. En algunas fiestas populares, como Sant Medir o Els Tres Tombs, salen más caballos, asnos, burros y hasta bueyes tirando de carros, carretas y carruajes, que sabe Dios quién guarda y dónde, pero son cosas de un día y no se vuelven a ver. También, y no es broma, se ofrecen entierros en Barcelona donde pasean a uno en un carro tirado por caballos antes de darle sepultura.

No sé si el Ayuntamiento de Barcelona también prohibirá esto.

Pero en verano de 2015 una yegua (se llamaba Neret) sufrió un colapso debido a un golpe de calor, en medio de la calle, y hubo de ser sacrificada ahí mismo, tras dos horas en las que se intentó reanimarla. La Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) (www.faada.org) organizó una campaña de recogida de firmas para conseguir la prohibición de la tracción de sangre (i.e., tracción animal) en Barcelona. Reunió 60.000 firmas, aproximadamente (desconozco cuántas fueron validadas, la mayoría). Además, una nueva entidad llamada Prou Tracció a Sang (Basta de Tracción de Sangre) se ha sumado al carro con manifestaciones y protestas. 

Éstas y otras personas (humanas) han conseguido que el actual Ayuntamiento de Barcelona haya anunciado que prohibirá las calesas para turistas en junio del año que viene. Ha sido una victoria parcial, porque parece que sólo prohibirá la explotación comercial y lucrativa de las calesas para turistas (o similares) y se mantendrán esas tradiciones populares que decía, contra las que también combaten los animalistas. Pero éstos no se desaniman. Hemos abierto una brecha en esta blindada situación que afecta a caballos en todo el territorio, dicen, ufanos. (Nota: Recuerden que, en Cataluña, el territorio es lo que no es Barcelona y su área metropolitana.)

Se prohíben, pues, los vehículos con tracción animal con fines comerciales y lucrativos... ¡Mentira!

Vehículos de tracción animal con fines lucrativos y comerciales, ¿no?

Tal cual. Mentira. ¿Han oído hablar de los rickshaw? Llámese bicitaxi, que es más fácil de pronunciar y más propio. Son triciclos de alquiler. Suelen ser de tres plazas. Dos van cómodamente sentados y un tercero pedalea y conduce, sea delante o detrás de los viajeros. Los bicitaxis son fáciles de ver en algunas zonas de la ciudad y no son precisamente pocos. El bicitaxista pedalea, sudando a mares, mientras dos gordos turistas (en los bicitaxis, no sé por qué, rara vez son delgados) disfrutan del viaje.

Los bicitaxistas hace ya tiempo que se quejan al Ayuntamiento de Barcelona acerca de sus condiciones laborales y de las multas que reciben, porque insisten en querer circular por toda la ciudad y la Guardia Urbana insiste en multarlos por ello. ¿Son bicicletas o qué son? ¿Pueden ir por zonas peatonales, por el carril bici? Cuidado, porque les va el pan en ello. 

Los bicitaxis, además, lucen publicidad.
Haylos de diferentes modelos y colores, pero todos de tracción humana.

No ayuda que la regulación del sector sea (seamos amables) confusa y que, por ejemplo, la concesión de licencias sea uno de los principales motivos de queja. Se otorgan a empresas que contratan y explotan a bicitaxistas, pero algunas veces se deniegan a bicitaxistas que intentan ir por su cuenta. Uno de los principales motivos de queja es que la normativa sostiene que un vehículo a motor para pasear turistas ha de contar con licencia municipal, pero ellos ¡qué motor ni qué niño muerto! ¡Que van a pedales! (Aunque algunas veces cuentan con ayuda de tracción eléctrica, ojo.)

Como todavía no se ha colapsado ningún bicitaxista en medio de la calle y no se ha tenido que sacrificar ahí mismo para que no sufra, estas quejas de los bicitaxistas caen siempre en saco roto y nadie les hace ni caso. Pero, ahora les hablo desde mi corazón, encuentro humillante esta explotación del bicitaxista. Un carro tirado por caballos no me molesta. Me desagrada el maltrato animal, naturalmente, que conste, pero si las bestias de tiro están bien cuidadas... Pero ver a un bicitaxista me remueve las tripas y considero que el espectáculo de la explotación del hombre por el hombre en una ciudad tan aparentemente moderna como Barcelona es una grandísima obscenidad. 

Y me provoca tanta irritación como desconcierto que se reúnan miles de firmas para evitar que un caballo tire del carro mientras docenas de bicitaxistas se dejan el bofe paseando turistas y nadie se inmute o se escandalice por ello. Es algo que me supera.

¿Qué le vamos a hacer?


Estos días, no sé por qué, me siento feliz, por encima de la media. Quizá sea la luz de estos días radiantes, quizá sea... No sé qué puede ser, porque todo sigue más o menos igual, como siempre, sin más novedades. No tengo nada más que decir. 

La Gran Mentira


La Gran Mentira o un montón de mentiras, una detrás de otra, durante años. Ahora las llaman post-verdades, aunque dos millones de personas creyeron en ellas, con los ojos cerrados, dejándose llevar, sin dar muestras de sentido crítico (tampoco de sentido común) y dando rienda suelta a algunos demonios de la peor calaña, que haberlos, haylos, defensores de un nacionalismo supremacista y exclusivista (valga la redundancia), dando por bueno un concepto de las leyes y la democracia cuanto menos peculiar. 

Entre estos dos millones ¿hubo gente de buena fe? Naturalmente, la mayoría, jamás diré lo contrario. Pero se hacen muchas barbaridades con la buena fe por delante. ¡Cuántos se dejaron engañar y se engañaron a sí mismos! También se dieron sobradas muestras de panfilismo e ignorancia entre el rebaño. El sesgo de confirmación les daba siempre la razón y en algunos (siempre demasiados) apareció la bestia negra del fanatismo y el odio. Ciegos, sordos, se dejaron arrastrar por la Gran Mentira... y ahí siguen instalados.

De sus líderes no puede decirse nada bueno, ni nada nuevo, porque todo era sabido, todo era evidente. O mintieron a posta para beneficiarse de alguna manera o creían en lo que decían. No sé cuál de las dos opciones es más alarmante. Queda una tercera opción, que es psicológicamente interesante y muy posible: que se creyeran sus propias mentiras, que vivieran aislados en un mundo de luz y de colores, ajenos a la realidad. Entonces, la preocupación que siento por ellos y por todos sube algunos enteros.

Han destrozado todo lo que han tocado. El prestigio del país y sus instituciones ha quedado por los suelos; la economía, perjudicada; la política, desprestigiada y herida; el honor, si tal cosa vale mencionarse, ni está ni se le espera, porque salió corriendo a la primera de cambio. Han despertado lo peor de las banderas, de todas las banderas, las de aquí y las de allá. Si alguien creía que la Gran Mentira no era peronismo de derechas (incluso, según yo creo, de extrema derecha), si creía que era progresista o europeísta o social o chachi, que compruebe sus efectos en España y en la misma Cataluña. Le felicito, joven, que diría aquél después del estropicio.

La Gran Mentira... Ahora, dos millones de ciudadanos se enfrentan a las fases del duelo. Algunas podrán darse a la vez. Me cuentan que esas fases son:

Una fase de negación, en la que sostendrán que no ha sido una Gran Mentira, en la que continuarán engañándose a sí mismos con los argumentos más inverosímiles. Estamos en ello y muchos no saben salir de ésta. Confusión, ridículo.

Una fase de enfado, indiferencia o ira, en la que comenzarán a cabrearse y buscarán culpables. Esperen a las elecciones y verán. Se tienen unas ganas entre ellos... Van a salir traidores de hasta debajo de las piedras y las puñaladas serán moneda corriente.

Una fase de negociación, donde intentarán salvar lo que se pueda de la Gran Mentira, para que no se pierda del todo y poder seguir creyendo en ella, aunque ya comienzan a reconocer que no era verdad; con eso están tentando, por ejemplo, a la señora Colau, que, reconozcámoslo, creía en la Gran Mentira como los demás. 

También hay una fase que llaman de dolor emocional, que es cuando te pones triste y te deprimes y te lamentas y tal. No hay para menos. Añadiría la vergüenza, pero no se da entre los dirigentes de la Gran Mentira.

Queda la fase de aceptación, en la que se reconoce que la Gran Mentira era eso, una mentira muy grande, y no queda más remedio que comérsela con patatas y seguir adelante como sea, enfrentándose a la realidad. Para ésta todavía falta y la veo lejos.

Aún así, es posible que ganen las elecciones los promotores de la Gran Mentira. Porque la fase de negación pesa mucho, y la de negociación, también. Pero la Gran Mentira es ya, indiscutiblemente, una mentira muy grande.


Llegados a este punto falta, por cierto, una historia de la Gran Mentira en su verdadera dimensión, que es trágica por las consecuencias, pero altamente cómica, por ridícula, surrealista, inverosímil y estúpida, en la que no se salva nadie, ni de un bando ni del otro, y que quizá concluya con el cambio de peinado de Puigdemont, como se inició con el cambio de peinado de Mas, cuando, ¿lo recuerdan?, comenzó a disimular las entradas y las canas mientras pactaba con el PP la reforma laboral y recortaba los presupuestos sociales a destajo. Luego rodearon el Parlamento de Cataluña unos jóvenes justamente cabreados y ya conocen el resto.

¡Lástima, qué lástima, que nos falte quien pudiera explicar la Gran Mentira en su verdadera y absurda dimensión! Porque sólo se me ocurre para contarla alguien como Chiquito de la Calzada, que en paz descanse. ¿Se imaginan? Va Puidemón por la gloria de mi madre y el fistro le dice...


¡Samba! (Gran Premio de Brasil 2017)



¡Bueno! Al menos acabamos bien la temporada. En Brasil, el Ferrari de Vettel ha adelantado en la primera curva al Mercedes-Benz de Bottas y se ha mantenido en la primera posición de principio a fin (dejando a un lado el baile de posiciones con el cambio de neumáticos). El segundo Ferrari se ha mantenido tercero y así ha seguido. Es de notar el mérito de Hamilton y su Mercedes-Benz, que salía el último, desde boxes, y ha remontado hasta la cuarta posición. Bravo.


Ésta ha sido la última carrera en la Fórmula 1 de Felipe Massa, un piloto muy querido en el Circo. Tuvo un bólido en Ferrari, ¿recuerdan? Que todo te vaya bien ahí fuera, Felipe.

La chica de tinta y estrellas



Tuve una agente literaria que me contó una vez que un autor (no diré su nombre) pilló un grandísimo cabreo porque una novela que había escrito en serio acabó publicándose como novela juvenil. El autor en cuestión se consideró groseramente insultado, mientras yo, que acababa de publicar mi primera novela, hubiera dado mi alma por vender tanto como esa dicha novela juvenil. 

Digo esto porque estoy un poco hasta las narices de cierto esnobismo que considera que un libro para chavales ha de estar, por fuerza, mal escrito. Añado que yo me inclino más hacia otro bando, hacia el que piensa que no existe una distinción clara entre una novela juvenil y otra para adultos, en muchos casos (en otros, no, es evidente), y que tanta razón tiene quien sostiene que Verne o Stevenson son propios de lectores con acné como quien sostiene que son escritores completamente adultos. ¡Lo que disfruto leyendo La Isla del Tesoro...! Que fue escrita, ojo, apuntando directamente a un público menor de edad. Pues eso, ni más ni menos.

La chica de tinta y estrellas, de Kiran Millwood Hargrave, una joven poeta y novelista, es una obra que fácilmente podría considerarse juvenil con todas sus letras. Ático de los Libros, en cambio, la publica como publica otros relatos considerados para adultos y corre un riesgo al hacerlo así. Pero ¿por qué no? Traducida por Claudia Casanova, nos ofrece un relato fantástico, a ratos poético, que ha merecido importantes premios y buenas críticas. Merecidos, señalo, porque es una obra fresca, original, a ratos bella y a ratos emocionante, que puede leer cualquier chaval o sus padres, sin miedo, simplemente porque está bien escrita. ¿Que la historia está trufada de fantasía y de cosas maravillosas y tal y cual? Bueno, ¿y qué? Forma parte del juego, ¿no?

Isabella, la hija de un cartógrafo, vive en la isla de Joya, sometida a los caprichos de un tiránico gobernador. Su mejor amiga, también es casualidad, es la hija del gobernador. Un mal día, su amiga desaparece. Como han sucedido cosas horribles (que no pienso contar ahora), el asunto pinta muy mal y se organiza una misión de rescate, en la que participará Isabella, y hasta aquí puedo contar. Así que aventuras, magia, misterio y todas esas cosas que tanto entretienen. ¡A leer!

La autora demuestra, y con esto acabo, que la literatura juvenil puede proporcionar textos de calidad y buenas lecturas, lo que se agradece muchísimo. Ojalá tenga éxito la apuesta de Ático de los Libros, porque esta novela lo merece. Si tienen un chaval a mano, regálenle La chica de tinta y estrellas. Si no, échenle un vistazo, que nunca está de más quitarse años de encima.

Heroísmo


Como bien saben muchos lectores, Cataluña ha vivido eso que llaman jornadas históricas, una detrás de otra, y es lo propio que en tales jornadas se den actos de heroísmo, especialmente si hablamos, como se nos quiere hacer creer, de una revolución, de una sublevación contra el Estado (opresor y tal) y de la creación de una nueva república libre y cursi. Ya sabemos que la revolución y todo lo demás ha quedado en agua de borrajas, pero lo del heroísmo vamos a tener que reconocerlo. Véase. 

Apuntaba maneras, el heroísmo, después de los sucesos del nueve de noviembre de hace unos años, que han acabado en los tribunales. Los principales promotores de tales sucesos mostraron un grandísimo valor afirmando que donde dije digo digo Diego, que no se trataba de nada transcendental, que no había para tanto como habían dicho, que habían exagerado un poco, etcétera, pero, sobre todo, afirmando que ellos no habían sido, que habían sido los voluntarios y los funcionarios que habían cedido a la presión que les llegaba de arriba y de los lados. Ahí están sus declaraciones. Yo sólo pasaba por ahí. A mí, que me registren. Yo no fuí. 

Otra gran muestra de valor fue el paso por sede parlamentaria de las dos leyes que, de facto, implicaban la dicha revolución, que el público conoce como ley de transitoriedad y ley de referéndum, que se aprobaron con una reforma previa del reglamento del Parlamento de Cataluña un poco tramposa (otro episodio heroico). Fue un acto de valor supremo el no atreverse a aprobarlas con una mayoría cualificada, como exigen las más grandes disposiciones de la patria y como hubiera sido lo propio, sino el aplicar la fuerza de una mayoría absoluta, que tiene más valor aprobar algo justito que por una gran mayoría. Pero fue mayor el heroísmo al negar a la oposición su derecho a debatir y hacer propuestas sobre dichas leyes, y el no otorgar más que un par de horas a la preparación del debate también mostró al mundo una clase de valor parlamentario ciertamente inédito. Demostraron no tener miedo a las palabras y los argumentos del adversario, una vez es amordazado, claro, y el amordazamiento reclama cojones, dicho en plata. Esto es, valor.

El desgraciado primero de octubre mostró muchas clases de heroísmo. Hubo gentes que pusieron la cara y recibieron de lo lindo. Sus razones tendrían y respeto su arrojo. Pero las hubo que llevaron a niños y ancianos para parapetarse detrás de ellos, lo que supone una muestra más del heroísmo del que hablamos. Es curioso que ninguno de los promotores del festival se arriesgó a que le partieran la cara, mostrando una valentía digna de alabanza. En cambio, la alcaldesa de Hospitalet de Llobregat y la de Barcelona se metieron entre la policía y los manifestantes allá donde fueron a votar, arriesgando su jeta, para que no hubiera violencia, como si la temieran, y por ese temor (y por su militancia política, también) no han merecido el reconocimiento de los héroes que se otorga a los forjadores de las jornadas históricas.

Pero el colmo del heroísmo fue ese día en el que la república asomó sólo la puntita. Sí pero no. La proclamo, la suspendo... Bueno, no la proclamo. O sí. No sé. El pasmo ante tanto ingenio político se apoderó del público y el gobierno (el otro, el malo de la función) tuvo que preguntar si sí o si no, y lo preguntó dos veces, y las dos veces respondieron los héroes con su monumental astucia un ni sí ni no ni todo lo contrario. Una gran muestra de valor dialéctico, que pretende poder afirmar con seguridad el yo no he sido o el fuí yo, según sople el viento.

Llegó el día. Bueno, otro día. Uno más. Es un no parar. En éste, se acordó una celebración de elecciones a cambio de no aplicar el 155, que es como la Estrella de la Muerte del Imperio. Pero, no. El señor Puigdemont nos sorprendió con un acto completamente heroico: se arrugó frente a unos tuits y algunos manifestantes y prefirió no cumplir con su palabra, dando sobradas muestras de valor por ello y dejando vía libre al 155 del que tanto hablan. Fueron al parlamento, a proclamar una república. Más heroísmo, me dirán. Vale. Votaron en secreto, sin dar la cara, mostrando al mundo la pasta de la que están hechos los héroes, y lo que votaron vuelve a ser un sí pero no, porque, aunque implícitamente se entiende un sí, explícitamente es un bla bla bla que puede ser tanto interpretado como sí, como no, como no sé o como me pareció ver un lindo gatito.

Lo mejor viene ahora, cuando proclamada o no la república que decían, se larga el gobierno de esa recién nacida, en pleno, a Perpiñán. Una estampida. No lo digo yo, lo cuenta La Vanguardia. Mientras, unos miles de personas celebraban el suceso en la plaza de Sant Jaume (bajo una bandera española que no se retiró, ojo). Nadie salió al balcón, nadie se dirigió al público, nadie nada. Silencio. Ahí te las apañes, porque estaban todos camino de Francia, dando sobradas muestras de valor. Si la república llega a proclamarse de verdad, qué ridículo. Correr el riesgo de semejante ridículo, ¿no es un acto heroico?

Pues, eso. Al César lo que es del César y un respeto para los héroes.

Léxico familiar



Lumen ha vuelto a publicar algunas de las mejores obras de Natalia Ginzburg. Otras editoriales también han vuelto a ella (Acantilado, Àtic dels Llibres...) y empleo han vuelto porque las obras de Ginzburg tuvieron un momento de gloria hace unos años y luego... Sucede con algunos autores contemporáneos, que parece que no pueden ser tan buenos como son porque son, simplemente, contemporáneos. Quizá haya pasado eso con Ginzburg que es, salta a la vista, una autora de primera división. 

Lessico famigliare, o Léxico familiar en esta versión española (traducida con cuidado por Mercedes Corral) es una de las obras más famosas de Natalia Ginzburg. Como en tantas otras obras suyas, el lector se enfrenta a un lenguaje en apariencia sencillo, simple, que va relatando sin darse importancia, como si nada, y de repente uno sabe que se está enfrentando a una gran obra. ¡Es tan difícil escribir así, tan difícil...! 

Es una de sus obras más famosas, he dicho, pero también, quizá, una de las más personales e intimistas, pues su familia, y ella misma, protagonizan la obra, y lo hacen a través de lo que suelen decir, las expresiones, las frases, las palabras, que adquieren un significado propio en el reducido círculo de una familia, entre amigos y conocidos. No hay acción, no hay romance, no hay... Impera lo cotidiano, hogareño y privado de un entorno muy definido. Algo tan, tan particular que no puedo dejar de admirar el valor de ponerlo sobre un papel. El resultado es bellísimo y conmovedor.

Cuenta cosas emocionantes, terribles, como quien no le da más importancia. Por ejemplo, pasa de puntillas, con extrema discreción, sobre la muerte de su marido a manos del fascismo, pero deja esa huella de ausencia y dolor profundo sin que sepamos cómo o dónde exactamente la ha dejado. Habla con tremendo cariño de sus padres, sus hermanos, sus amigos, mostrando precisamente sus defectos cotidianos, que se expresan a través de una cantinela, una frase repetida en incontables ocasiones, un mote... Para el lector, resulta entrañable y por eso mismo, emocionante. Para un escritor, hasta cierto punto desesperante, porque Ginzburg construye algo grande con tan efímeros materiales que despierta una natural envidia. ¿Cómo lo ha hecho?

En suma, Natalia Ginzburg es una autora que hay que leer y esta obra en concreto, Léxico familiar, una obra muy recomendable. Mucho.

Algo asqueroso


¡Hola! Pfff... Perdón.

Se ha publicado recientemente un estudio sobre el impacto de la ingravidez en el cerebro de los astronautas. ¿Creías que el cerebro iba a librarse de ésa? Pues, no. Al flotar ingrávido, la parte superior del cerebro presiona sobre la parte superior del cráneo, afectando a su morfología. También sufre el nervio óptico, presionado por la nueva ubicación del órgano pensante. Hasta qué punto es todo reversible o irreversible o afecta al conocimiento y la psicología de los astronautas, no queda todavía del todo claro. Que los astronautas sufren un impacto psicológico viviendo tal aventura es evidente (me imagino en su lugar y...) y eso complica el estudio, naturalmente.

La medicina está muy interesada en los cambios que se producen en la ingravidez del espacio y sus consecuencias, y conocemos muchas de ellas. Por ejemplo, el mareo y las náuseas. De ésas no se libra ni el más avezado piloto, ni el más experimentado astronauta. Uno de cada cuatro astronautas sufren un mareo que le deja fuera de combate por un día o dos, incapaz de dar pie con bola. Luego suele pasarse, y da igual quien seas o cuántas veces hayas estado antes en el espacio, porque le puede dar (o no) a cualquiera. 

En medio del experimento... ¡Pam! Pfff... ¡Vaya!

También es muy conocida (y lógica) la atrofia muscular, porque en ingravidez ¿para qué necesitamos las piernas? El corazón mismo, dicen, se encoge y se vuelve perezoso. Los médicos e ingenieros que se ocupan de estas cosas han establecido rigurosas tablas de ejercicios gimnásticos para los astronautas que pretendan permanecer una temporada en el espacio, con la intención de combatir esta atrofia, con un éxito relativo. Y como éstas, otras muchas consecuencias de andar haciendo el tonto en órbita.

Aquí, haciendo el tonto en órbita y... ¡Prrrram!
Éste ha sido de los buenos.

Otras consecuencias son menos conocidas, pero tienen un considerable impacto en la vida de los astronautas. En ingravidez, las tripas flotan más o menos libremente y bajo esas condiciones los astronautas sufren más flatulencias de las que sufrirían con un régimen a base de fabada. Los gases remueven las tripas y claman por salir y los médicos de la NASA, enfrentados a tan grave problema, han optado por una solución tan simple como radical. Si te vienen ganas de tirarte un pedo, dicen, no te prives y déjalo ir. Peerse en el espacio es, pues, una necesidad y una obligación. No hay disimulo que valga y los cuescos van y vienen como salvas de artillería en plena batalla en el espacio sideral. Lo de La Guerra de las Galaxias es un juego de niños a su lado.

¡Por Dios, qué peste! ¡Que alguien abra las ventanas!

Sumen al constante peerse que la ducha sea complicada en el espacio y que la higiene personal sea la imprescindible, a base de toallitas de papel, porque no hay lugar para mucho más. Hieden los pies, los alerones y se suma a la orgía el metano y los sulfuros que expelen los cosmonáuticos culos. No es de extrañar que la primera impresión de los recién llegados a la Estación Espacial Internacional (ISS) sea el olor que hace. Es algo asqueroso, confesó, no hace mucho, un avezado astronauta. Pero luego uno se acostumbra, porque uno se acostumbra a todo

La sfida continua (Gran Premio de México 2017)


Ahora ya sí: Mercedes-Benz se ha llevado a casa el título del Campeonato de Constructores y el de Pilotos (Hamilton). En México, Ferrari lo intentó, pero un choque en la primera vuelta alejó de la primera posición a Vettel, que sólo pudo acabar cuarto, detrás de su compañero de escudería; a Hamilton le sobró con llegar noveno. 

 Mercedes-Benz, aprovechando la doble victoria en la temporada 2017, ha publicado un bonito video donde se permite homenajear a Ferrari... o no, según se mire. Es éste:

 

Dicho esto, sólo me queda preguntar por qué los alemanes no echan mano del color de competición de Mercedes-Benz (un brillante azul) o el que suele emplear en carrera (el plata de Alemania), en vez del verde moco de la película. Pero, como sobre gustos no hay nada escrito... Como dice el anuncio, la sfida continua. Ci vediamo!

La noticia del año


Damas, caballeros, lectores todos, he de lamentar una grandísima pérdida. Me explicaré.

Hace pocos días, leí con gran placer y muchísima admiración la que consideré, sin ningún género de duda, la noticia del día, con ánimo de serlo también de la semana, del mes y del año. La noticia me produjo esa íntima emoción, esa súbita estupefacción, ese destello de alarma que provocan las más grandes e inesperadas noticias.

Decía la noticia que una excursión de abuelitos del IMSERSO al Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria) un poco más y no acaba en tragedia. La culpa había que atribuirla a un hipopótamo. 


Ahí temí lo peor. Porque, no sé si lo saben, el hipopótamo es un mamífero peligrosísimo. Mata a más seres humanos en África que el cocodrilo, en cualquiera de sus variantes. Es un animal malhumorado, grosero, impaciente, que embiste y ataca con ferocidad a cualquiera que se entrometa en sus asuntos o se le acerque demasiado, queriendo o sin querer, lo que ha provocado toda clase de disgustos a los que frecuentan su hábitat. Temía, pues, que el hipopótamo hubiera embestido a los viejecitos y ocasionado una matanza entre los mismos. Pero, no. El hipopótamo se había limitado a tirarse un pedo.

Un pedo. Tal cual. Se tiró un enorme y sonoro pedo, decía la noticia, y al instante tres de los abuelitos, en primera línea del disparo, cayeron fulminados por las emanaciones gaseosas del gigantesco estómago hipopotámico. ¡Pam! y tres abuelitos prácticamente asfixiados, que, gracias a Dios, pudieron recuperarse de la intoxicación así les dieron un poco de oxígeno y los sacaron de la zona afectada por el cuesco.

Contaba el magnífico relato que el cuidador de semejante bestia dijo que el hipopótamo llevaba unos días con retortijones y flatulencias y que... En fin, liberó sus males en un peer monumental que se llevó por delante las ánimas del personal.

Ya me frotaba yo las manos queriendo comentar semejante noticia, tan buena se mirase por donde se mirase, cuando llegó a mis manos la confirmación de su falsedad. ¡No era cierta! El hipopótamo, en efecto, se tiró y sigue tirándose sonoros pedos, pero ninguno provocó el efecto descrito. La noticia, me cuentan, se publicó en un medio humorístico llamado Aquí Hay Noticia.

Más exactamente, aquí:

Pero la noticia saltó a la prensa, que la tomó por buena y la publicó acto seguido. Tal cual.

En fin... Que no era cierto. Pero ¡qué risas!

Alucinante



Tengo que confesarles que ya llevo dos intentos de escribir una novela de humor basada en la Cataluña contemporánea... y dos sonoros fracasos. Hagan lo que hagan mis personajes, por muy imbécil que sea, por muy absurdo que pueda parecer, queda en nada cuando, al día siguiente, me enfrento con los periódicos y las noticias del día. 

Hasta tal punto me superan los acontecimientos que he abandonado la idea, dándola por imposible. Si me limitara a describir apenas una parte de lo vivido estos días o durante los últimos cinco años, el disparate sería tan mayúsculo que ningún editor se atrevería a publicarme y los lectores profesionales argumentarían una falta de verosimilitud absoluta. Con razón, además, porque yo mismo no podría dar carta de crédito a tanta barbaridad y tan seguida.

Si no fuera por el daño que ha hecho, hace y seguirá haciendo a mi gente y a mi país, es para morir desternillado de risa o asfixiado de pasmo. Es alucinante. Más todavía si consideramos al público, que baila al ritmo que le marcan desde el disparate nacional, lo que me resulta todavía más alucinante. ¿Toda esa gente no se da cuenta...? No, no se da cuenta. Ay.

Ya no corresponde preguntar si este señor, o esa señora, bebe o fuma, sino dónde compra esa sustancia que toma, porque ha de ser la pera. Porque sí, porque visto lo visto ha de ser la pera, la pera limonera, y cabe investigar si no será algo que le echen al agua del grifo. En serio, no atisbo otra explicación.

La independencia de la independencia


Leo que la Vall d'Aran se pronunciará en breve (quizá este lunes) y solicitará independizarse de Cataluña. Simbólicamente, lo sé. Con la intención de seguir siendo española, digo yo, aunque no se descarta que quiera sumarse a la colección de microestados. A estas alturas del cuento, me lo creo todo. 

Que alguien se quiera independizar de la independencia lo entiendo, ¡cómo lo entiendo! Es un coñazo. Me gustaría poder hacer lo mismo y hay días en los que me pregunto por qué no nací portugués.

La luz al final del túnel


Hoy se ha dado carta de autenticidad y se ha corroborado una vez más que la estupidez es mucho más dañina que la maldad. Ahí vamos y a ver quién arregla esto.


El primer sable roto


Ayer, ay, rompí mi primer sable. Además, por la espiga. Me quedé con la empuñadura en la mano, tal cual, después de un choque de cazoletas. El arma llevaba conmigo un año y diez meses y me había dado muy buen servicio. Nadie sabe muy bien por qué o cómo, se había curvado ligeramente, como un sable de caballería ligera francés AN XI, que tanto me gusta. Pero ¡bueno! Otra hoja sustituirá a la hoja perdida, es ley de vida.

El incidente me recordó famosas roturas de sables, entre las que destacan las famosas roturas de los generales y mariscales de Francia durante las guerras napoleónicas, que no ganaban para hojas. Dicen que Ney en Waterloo rompió cinco sables y reventó a tres caballos, o fueron cinco caballos y tres sables... Ay... Da lo mismo, una barbaridad.

Aquí tienen al general Lasalle.

Sin embargo, el beau sabreur por antonomasia es el general Lasalle, todo un personaje. ¡Anda que no rompió sables...! O los perdió. Uno en concreto lo perdió y lo volvió a recuperar, y la historia es como sigue:

Lasalle marchó a Egipto con Bonaparte en 1798 como coronel del 7.º de Húsares y en la batalla de las Pirámides consigue cortar la retirada de los turcos (mamelucos). Esa hábil y muy arriesgada maniobra le valió el ascenso a general de brigada. Fue entonces, seguramente, cuando se hizo con un magnífico sable mameluco y siempre más llevaría uno consigo en vez del sable de reglamento. Además, lo puso de moda.

Cerca de un mes más tarde, cuando acompaña al general Desaix en su avance hacia el sur en su ascenso por el Nilo (en el Nilo se asciende yendo hacia el sur), se enfrenta de nuevo a los turcos en la batalla de Salalieh. Y es ahí donde pierde y recupera su sable.

Era un 21 de agosto, en Egipto. Calor aparte (y no sería poco), los franceses se enfrentaron a los mamelucos una vez más. Como dijo Napoleón, un mameluco vencerá a un francés; diez contra diez, el asunto acabará en tablas; cien contra cien, la victoria francesa será aplastante, y la razón es la organización de la caballería francesa contra el arrojo caótico de los mamelucos. Digo esto porque no sería fácil intentar sobrevivir en una melée contra la tropa mameluca, sablazo va, sablazo viene, en ese justo momento en el que no vale para nada toda esa organización de la que tanto presumía (y con razón) Bonaparte y predomina el temido caos.

Ahí estaba Lasalle, en primera línea, como siempre. En éstas, ay, un sablazo le corta la correa que sujetaba el sable a la muñeca y el sable le cae al suelo. (Sería, seguramente, un bello ejemplar de sable mameluco, quiero imaginarlo así.) ¿Qué hace Lasalle? ¡No se lo pierdan! En medio del fregado, desmonta, va de aquí para allá buscando su sable (¿Ha visto usted un sable por aquí, joven?), da con él, lo empuña, vuelve a montar y continúa donde lo había dejado, ante la estupefacción del personal. No hay ni que decir que venció. 

Esa muestra de valor suicida provocó una grandísima admiración entre amigos y enemigos y se ha convertido en leyenda. Ahí la dejo, para uso y disfrute del personal.

Cuatro príncipes



Leí, en otra parte, hace un tiempo, que los primeros años del siglo XVI fueron la Época de los Césares. Ese autor citaba a Carlos, el primero de aquí y quinto de allá, y a Solimán, el Magnífico, enfrentados el uno contra el otro por el control del Mediterráneo. En la madurez del Renacimiento, en efecto, la monarquía europea y sus más inmediatos vecinos adquirieron un aspecto imperial y hablar de césares me parece muy acertado. También, cómo no, hablar de príncipes, título muy renacentista.

Por eso John Julius Norwich, segundo vizconde de Norwich... Qué bueno, un vizconde... Por eso, decía, este ensayo relativamente breve, pero muy interesante, se titula Cuatro príncipes. Publica la obra Ático de los Libros, muy bien editada, y promete más obras del señor vizconde, lo que nos alegra muchísimo.

Estos cuatro príncipes son cuatro personajes que marcaron una época, un estilo, bajo cuya influencia cambió (o comenzó a cambiar) Occidente de una vez y para siempre. Cuatro personajes, además, interesantes en sí mismos. Juzguen, si no: Carlos, el primero de aquí y quinto de allá, el príncipe más poderoso de la Cristiandad, aunque visto de cerca...; Solimán, el Magnífico, de la siempre poderosa, exótica y misteriosa Turquía de los sultanes; Francisco I de Francia, un rey renacentista de pe a pa y más francés que una baguette; Enrique VIII de Inglaterra, que no necesita casi presentación, aunque sorprenderá a muchos. En suma, resumen y consecuencia, un caramelo para los aficionados a la historia.

El señor vizconde, un gran erudito, escribe historia como sólo saben hacerlo algunos ingleses, con una naturalidad y una habilidad que proporciona a la lectura de un ensayo la emoción de una novela. La confrontación de estos cuatro personajes, obligados a compartir el escenario, celosos uno del otro, adversarios, aliados, enemigos, según el día, es fascinante. Si además está narrada como en este caso, es un placer conocerla.

Un servidor de ustedes no deja de maravillarse por los costosos alardes de vanidad de unos y otros. El encuentro entre Enrique VIII y Francisco I, las excentricidades del sultán y su monumental maquinaria militar, la campaña de Carlos para obtener el título de emperador... Es un empezar y no parar de lo que parece un corral con pocas gallinas y demasiados gallos. Y es, por eso mismo, de lo más entretenido. ¡Qué personajes! Ya no hay personajes así.

Recomiendo la obra tanto a los entendidos en esta clase de asuntos como a los simplemente curiosos. Es una obra accesible que dice cosas muy interesantes, las dice muy bien y resulta un obsequio para el lector.

Entrevista en RNE


Estoy que no paro, y ¿saben qué les digo? Que me gusta.

Ahí va la última entrevista, para hablar de mi libro, en RNE, en el programa Un mundo feliz.

Fue un placer.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/en-un-mundo-feliz/mundo-feliz-23-10-17/4266498/


¡Yo también quiero el 155!


Hace unos días que se habla de lo que harán o dejarán de hacer con la aplicación del artículo 155 y es evidente que a más de uno le tiemblan las piernas. Yo no las tengo todas conmigo y rezo para que no sea peor el remedio que la enfermedad, aunque, vista la enfermedad, ¿qué otro remedio queda? 

¡Al grano! La cuestión es que el Gobierno de España ha puesto el ojo en la CCMA (Corporación Catalana de Medios Audiovisuales), el gran aparato de propaganda del prusés. Meter mano en TV3 ha hecho saltar todas las alarmas y un nutrido grupo de directivos y tertulianos fijos han puesto el santo al cielo porque les va el caviar en ello. ¡Ay, que se acaba el momio!

Y en éstas saltan los consejos de informativos de TVE. ¿Qué dicen? Básicamente, que les apliquen a ellos también el 155 de marras. Tal cual. Ahora verán por qué. Su argumentación es bonísima. Dicen:

Sin entrar en valoraciones que no nos competen, sí creemos oportuno subrayar la paradoja que supone querer intervenir TV3 para "garantizar la transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada, respetuosa con el pluralismo político", cuando en RTVE no se está cumpliendo dicho mandato.

Olé. En toda la cara. Y ahora viene lo bueno:

Lo consecuente sería aplicar esa misma línea en todos los medios públicos, incluido el estatal, toda vez que se ha aprobado recientemente una ley que pretende garantizar dicho objetivo y que debería ser llevada a la práctica de inmediato.

¿Y saben qué les digo? Que tienen razón. Como dijo Charlton Heston en El planeta de los simios, en versión original: Take your stinkin’ paws off me, you damn dirty ape! O, para que se entienda, eso de: ¡Quita tus sucias patas de encima mono asqueroso!

Eso vale para el gobierno de aquí y el de allá. 


Ciao, ciao... (Gran Premio de los EE.UU. 2017)


Este fin de semana, el Circo corrió en los EE.UU., donde la Fórmula 1 es vista con escepticismo y no atrae demasiado. Los americanos son más simples y buscan más el ruido y el espectáculo que no el refinamiento de la Fórmula 1, tecnológicamente muy superior, pero dramáticamente mucho menos interesante.


Sin embargo, hubo drama. En Red Bull, por ejemplo. Uno de ellos rompió el motor, Ricciardo, y el otro, Verstappen, protagonizó una espectacular remontada. Llegó a quedar tercero a poquísimo del final, después de adelantar a un Ferrari, el de Raikkonen, pero los jueces le hicieron perder unos segundos y no pudo subir al podio. Ferrari quedó en segunda y tercera posición y Mercedes-Benz en la primera y la quinta. Ganó Hamilton y si en la siguiente carrera queda entre los cinco primeros, ya ha ganado el Campeonato del Mundo, tal cual. 

En fin: otro año será. Pero nos lo hemos pasado bien, ¿no?

Entrevista con Radio Voz Galicia



Ayer me entrevistaron en Radio Voz Galícia. Les adjunto el enlace del podcast:


Me citan en el minuto 83, entonces habla el escritor Javier Marías de su novela, citan los libros más vendidos por ahí y luego vengo yo, en directo, en el minuto 87. ¡Que sea leve!

Hablo, naturalmente, de mi libro, de filosofía y de cosas parecidas. 


Entrevista en Radio Castilla-La Mancha



Aquí les paso el enlace del Podcast de Radio Castilla-La Mancha. Me entrevistó Vega Hernández en el programa La Colmena, y me trató muy bien. Salgo alrededor del minuto 21 de programa.

Hablamos, cómo no, de mi libro.


Con vosotros


Fotografía de Helio Madeiras, bombero portugués.

Estos días, nuestro país vecino, Portugal, y las provincias gallegas, asturianas y leonesas padecen el castigo del fuego, que, además de arrasar miles de hectáreas de bosque, se ha llevado por delante la vida de docenas de personas. Vaya mi saludo a quienes se enfrentan a esta tragedia y a los valientes que la combaten, y mi más sentido pésame a quienes han perdido algún ser querido.

Un otoño calentito


Cuando un amigo mío me dijo que íbamos a tener un otoño calentito no creí que se refería a esto.



Propuesta utópica


Leí no hace mucho las reflexiones de unos politólogos sobre la importancia de las ciudades (mejor dicho, de las conurbaciones urbanas) en el mundo que viene y dejaron ir un dato interesante, que traslado para que el público lector piense y decida por su cuenta. 

Contaban los escritores que en los países más avanzados de Europa, el gasto público se divide, aproximadamente, de la siguiente manera:

Un 40% corre a cargo del gobierno del Estado.
Un 20% (normalmente, menos), a cargo del gobierno regional, cuya principal ocupación es proveer de servicios a las poblaciones que no pueden proveerselos por sí solas, aparte de invertir en asuntos que atañen a más de un municipio o de encargarse de la recaudación de impuestos.
El 40% restante lo gastan directamente las ciudades y municipios, que tienen grandes responsabilidades en áreas como la protección social, la educación, la sanidad pública, etc.

Se trata, pues, de una administración pública muy descentralizada y próxima al ciudadano, que da poder a las ciudades, que son las principales dinamizadoras económicas, sociales y culturales del país. Y más que lo serán en el futuro.

En cambio, en España (y Cataluña no es una excepción), el gasto público que depende de las ciudades es de apenas un 15%. El resto se reparte a partes más o menos iguales entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Con un agravante, que no existe una fórmula de reparto fija y no discrecional, quizá el principal problema del sistema autonómico, que no es corresponsable del gasto público, o no demasiado.

Esto tiene consecuencias. Pongamos a Barcelona y su área metropolitana como ejemplo. En esta área se reúnen dos tercios del total de la población de Cataluña, que generan más de un 80% (a veces, casi un 90%) del PIB catalán. Podemos decir, sin exagerar, que Cataluña es Barcelona y alrededores, y que existe un gran contraste entre esa Barcelona y el resto, político, cultural y social. Es lo de siempre: la ciudad y el campo, liberales y carlistas, etc., en versión contemporánea.

Además, la Generalidad de Cataluña no ha invertido nunca (nunca) más de dos tercios de su presupuesto en esta área metropolitana, mientras recibe del Estado una inversión más o menos a la par. Si el poder presupuestario (y político) de Barcelona y su área de influencia fuera como el de una ciudad equiparable en Alemania, otro gallo cantaría (o hubiera cantado).

Como nos esperan años de volver a empezar y pensar qué queremos, seriamente, esta vez, quizá convenga darle vueltas a este asunto. Sé que caerá en saco roto y que suena a propuesta utópica, pero ¿es tan mala idea?

¡También es casualidad!


La primera vez que alguien mencionó el 155, así, tal cual, creí que me hablaban de un modelo de Alfa Romeo, el 155 (el Tipo 167 en el código interno de Alfa Romeo). Fue un coche que causó sensación en su época, más que nada por su diseño (un gran volumen interior y una aerodinámica notable), aunque su mecánica provocó polémica, al ser un tracción delantera (algo que provocó incomodidad en los más fanáticos alfistas), por no hablar de su fiabilidad (algo de lo que los alfistas nunca hablan demasiado). El modelo marcó una época de transición y merece ser recordado.


Pues el 155 se presentó al mundo en Barcelona, en 1992. El 155, el otro, es casi seguro que también se presentará en Barcelona, en breve. Veremos qué tal es su diseño y su fiabilidad y cómo lo recibe el público. Crucemos los dedos.

La magia del asunto


La política, la gestión de la res publica, ha de ser llevada a cabo con la ayuda de la razón y el raciocinio. Tendría que ser así y desde que los griegos inventaron la democracia, incluso antes, este punto se subraya una y otra vez, no se nos vaya a olvidar, no vayamos a dejarnos arrastrar por la pasión y perdamos de vista que la política es el resultado de una discusión de argumentos, no de sentimientos, basados en hechos, no en creencias. Digo es, pero, ay, resulta que hoy es un tendría que ser y no es. Salta a la vista.

Bajando a los hechos, tenemos un ejemplo en el asunto que trae de cabeza a los catalanes; esto es, quién coño nos manda, qué coño está haciendo y por qué. Las consecuencias las estamos pagando y las pagaremos todos, pero merece una especial atención la magia del asunto, y no se trata de una expresión metafórica, sino realmente de magia.


Ciertamente, las relaciones entre el prusés y la magia y el esoterismo merecerían un estudio desapasionado y objetivo, que sorprendería a muchos. 

Cabe recordar que el pujolismo (y con él, todo el follón) se inició en un movimiento nacional-católico (como el franquista, pero con otra bandera) llamado Crist-Catalunya, donde se mezclaba la religión con la política (versión identitaria-supremacista), lo que siempre, siempre, resulta en una mala combinación y nunca, nunca, entra en el terreno de la discusión razonable sobre hechos objetivos. El señor Pujol se aficionó a la mística y no tardó en pillarle el gusto a la magia, porque quien cree en una idea rara puede creer perfectamente en dos, y ya puestos, en tres o cuatro.

Sólo recordaré el caso de la bruja Adelina, que en su día mereció algunos apuntes de El cuaderno de Luis. Pasen y vean el género de padre de la patria que nos ha tocado en suerte. Si no los leyeron en su día, léanlos ahora, cuando tengan un poco de tiempo.

La bruja Adelina
La fraudulenta sociedad del señor Pujol y la bruja Adelina
Declaraciones de la bruja Adelina

Desgraciadamente, añado, el caso de la bruja Adelina no es exclusivo del pujolismo. Tenemos a Martita, la echadora de cartas, de la que hablé en su día (poco, en verdad), aquí:

Dios mío, qué panorama tenemos...

Pero otros protagonistas del asunto tienen también conexiones mágicas y místicas. Para ello, nada mejor que la Iglesia, actor muy principal en el prusés, aunque de tapadillo. Las reuniones del señor Junqueras en la abadía de Montserrat con los padres benedictinos merecería una investigación. También, sus relaciones con el cuerpo cardenalicio del Vaticano, mencionadas, pero nunca exploradas en profundidad. ¡Llamen a los vaticanistas!

Los discursos del orondo dirigente republicano parecen sermones y su afición a decir que él es bondad y amor, entre jipíos y lagrimones, y que quien no esté con él sólo puede ser contrario al Señor nos muestran, en primer lugar, un preocupante desequilibrio emocional en situaciones tensas y, en segundo lugar, una fe y un arrobamiento místico que ciega la razón, asunto que también invita a considerar el tema de la magia, el misticismo y la psiquiatría en todo esto, o el pronto ingreso en un seminario del líder republicano, para que pueda abrazar su verdadera vocación.

La mujer del señor Mas (y el mismo señor Mas) es también de la cuerda nacional-católica, muy nacional y muy católica. ¿Se acuerdan del discurso de las peras y las manzanas de la señora Botella de Aznar? Pues más o menos en aquel entonces la señora del señor Mas hizo unas declaraciones en televisión sobre el matrimonio homosexual (en BTV) que dejaban las de la señora Botella de Aznar muy, pero que muy atrás. En Cataluña nadie se hizo eco de ellas; fuera del país, no le importaron a nadie. Pero su intransigencia con el pecado contra natura, que dijo, me puso los pelos de punta y ya no hablo de lo que exclamaron los colectivos ésos de tantas letras (LGTB y no sé cuál más). Fue terrible. Acto seguido, largó sobre la patria y la religión como un todo que, la verdad, me provocó escalofríos y me recordó más a Calvino, a Savonarola o a un imán integrista que a un católico normalito. Supongo que, si las buscan, en algún lugar estarán estas declaraciones. Más magia al saco.

Pero, claro, también tenemos a un ministro del Interior con un ángel de la guardia llamado Marcelo... En fin, que hay para todos.

El que faltaba en la comedia es el señor Puigdemont que, ay, también es aficionado al esoterismo. De hecho, hace ya meses que se publicó (y no se ha desmentido) que su señora considera seriamente que tiene poderes psíquicos; es decir, que es un poco vidente y tal, ese tipo de cosas. No lo dice por hacer broma, sino que, al parecer, cree en ello y se lo toma en serio. El matrimonio, visto lo visto, se sumaría a la larga tradición pujolista con creencias religiosas aderezadas con magia y esas cosas tan guays del Veo, veo.

Finalmente, hacer notar que el día del referéndum del uno a cero el Virolai (el himno mariano catalán por excelencia) fue uno de los cánticos más recurridos por los manifestantes, que lo entonaban como si fueran esos cristianos de la película Quo Vadis? arrojados a los leones, que hacen exclamar a Nerón (un magnífico Peter Ustinov): ¿Por qué cantan? El paralelismo es, si quieren, casual, pero muy acertado. Ahí estaban, prestos al martirio, cantando a la Virgen María, mientras sus apóstoles a saber dónde estarían, pero no, desde luego, en primera línea.

Todo esto, madre de Dios, en la Comunidad Autónoma con más ateos de España y con menos gente que acude a misa. ¿Será verdad que a falta de una fe el público busca otra y se abrazan a ella? De verdad, de verdad, que esto merecería un estudio muy serio, pero que muy serio, sobre algo tan tremendamente surrealista. Nos hemos vuelto todos locos.

Recomendación


De vez en cuando, alegrías.

Escritores Recónditos recomienda la Historia torcida de la Filosofía.


Véanlo aquí:
http://escritoresreconditosmistral.blogspot.com.es/2017/10/historia-torcida-de-la-filosofia.html#comment-form

También aquí, otra recomendación del blog Tot Barcelona:
http://totbarcelona.blogspot.com.es/2017/10/escritores-reconditos-con-ustedes-luis.html

De verdad que me han puesto muy contento.

Oportunidades perdidas


Lamentarse por lo pasado y por lo que pudo ser es inútil, porque no será, aunque el recuerdo sirve como experiencia y sirve para prevenir, no siempre con éxito, la que nos espera. En este caso, son cinco años de prusés (en minúsculas, porque no merece mayúscula), final apoteósico (y todavía inacabado) de treinta años de pujolismo con Pujol y sin Pujol. ¡Cuánto daño nos ha hecho! El daño que nos caerá a partir de ahora sólo podemos imaginarlo y rogar por que sea pequeño, cosa que veo difícil. ¿Cuál será el balance de cinco años de prusés? La ruina moral, social y económica del país, que puede ser más de lo que vemos o quizá no tanta como tememos, pero que, grande o pequeña, ruina será. Por no hablar del daño a las instituciones y la política, que deja la puerta abierta al diablo.

No es éste ni el momento ni el lugar para hablar de lo que a mí, personalmente, me ha hecho daño, y no ha sido poco, ese daño, en lo económico, en lo personal. Justo cuando comenzaba a recuperarme, han conseguido que el fanatismo se haya inmiscuido entre mis amistades, provocando daño sobre daño, y han arruinado la capitalidad editorial de Barcelona. Mi patria son los libros y mi trabajo, en parte, también, así que imagínense mi ánimo. Gracias, cabrones. Os la guardo. Pero lo que me ha pasado a mí no importa, es una anécdota, no marca tendencia, es un hecho aislado.

Lo que realmente importa es lo que ha sucedido en estos últimos cinco años dominados por un populismo de derechas, porque no es otra cosa, el prusés. Digan lo que digan, no es otra cosa y es perfectamente equiparable al Front National francés, al UKIP británico, a la Lega Nord italiana o semejantes, que infestan Europa con discursos nacionalistas, supremacistas e intolerantes, amagando en su interior gérmenes muy nocivos, que se activan en tiempos de crisis y que alimentan odios fanáticos. ¡Mal asunto!

Como se venden las banderas como progresismo, nadie mira debajo de ellas. Un solo dato basta para mostrar la magnitud de la tragedia: los recortes en educación y sanidad pública y en servicios sociales dependientes de las Comunidades Autónomas. Entre 2009 y 2015, esos recortes fueron de un escalofriante 14,53% del presupuesto, de media, en toda España. En Cataluña, fueron del 26,26%. Recortes hechos con total impunidad, porque el público miraba las banderas, no lo que ocurría detrás de ellas. Esos recortes fueron activados por CiU y apoyados primero por el PP, pero luego por ERC y la CUP, incluso cuando CiU pasó a desaparecer y se mutó en PDECat. Izquierdas... Sin ir más lejos, en las últimas dos semanas, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha suprimido las ayudas a la contratación de personas con minusvalía. Nadie ha dicho nada. ¿Qué les parece?

Tanta gente no puede estar equivocada, argumentan algunos, señalando a las muchedumbres con bandera y de uniforme. Pues, lo siento, sí que puede equivocarse. Toda esa gente y mucha más, y equivocarse de medio a medio. Sobran los ejemplos, en todos los ámbitos, y creo que alguien tenía que decirlo. Mi argumento en contra es que si toda esa gente se hubiera movilizado bajo la bandera de la justicia y los derechos sociales, y no una de colorines, otro gallo nos hubiera cantado. Imagínense cuál hubiera sido el resultado. Pero imaginar ahora no sirve de nada. Hemos perdido. Todos. Ahora queda levantarse, para volver a empezar. Si nos dejan, claro.

De entrevista en entrevista



Estos días me están entrevistando a menudo en la radio. En este mismo cuaderno pueden haber visto la entrevista en la radio de Sant Vicenç dels Horts, pero en una semana tengo cuatro entrevistas más, lo que no está mal, no está nada mal, para, como dijo aquél, hablar de mi libro. Muy bien, ¿no?

Sí... pero no


Ayer mismo...






Fotografías de Reuters y comunicado de EFE.

En estos tiempos que corren...



Me cuentan que en estos tiempos que corren lo de pensar está mal visto. Especialmente, con sentido crítico, sentido común y de manera razonable. Luego, así nos va.

Mientras tanto, negocio a la vista




A esto se ha llegado


Traduzco:
#ningunestadonosharalibres
LA DEMOCRACIA
DURA LO QUE
DURA
LA OBEDIENCIA
La lucha es el único camino.

La delgada línea roja


Aquí y allá se habla una y otra vez de la delgada línea roja. Es una expresión que se emplea para decir que hasta aquí hemos llegado, que no podemos permitirnos pasar de aquí. Lo que mucha gente no sabe es que se trata de una expresión de origen militar, que tuvo su origen en la batalla de Balaklava, el 25 de octubre de 1854, durante la Guerra de Crimea.

Balaklava era un puerto que abastecía a las fuerzas turcas, francesas y británicas en su particular guerra contra el imperio ruso. La defensa de este puerto (que no reunía ninguna de las características deseables para un puerto con tal misión) era vital  para sostener la guerra y la defensa de Balaklava, por lo tanto, una prioridad militar. Por eso, se construyeron una serie de reductos de artillería defendidos por los turcos y los británicos alrededor de la plaza. 

La batalla de Balaklava tuvo cuatro fases. De la primera no suelen hablar los británicos, porque los rusos los pillaron con los calzones bajados y tomaron los reductos con pasmosa facilidad, rompiendo la línea defensiva aliada. La segunda fase fue la delgada línea roja (de la que ahora hablaré); la tercera, la carga de la Brigada Pesada (caballería), que desbarató a la caballería rusa; la cuarta es quizá la más famosa, la carga de la Brigada Ligera, que se desbarató a sí misma en una carga heroica, que quiere decir inútil y sangrienta. Acabó como empezó.

La cuestión es que los rusos habían roto las líneas y la caballería rusa recibió una orden muy poco definida, una orden de ataque que tanto podía referirse al campamento militar, al puerto, a los almacenes de suministro o al primero que pilles por delante... Unos cuatro mil jinetes rusos decidieron, pues, avanzar hacia Balaklava, sin saber muy bien para qué, exactamente. Mientras, en el lado aliado cundió el pánico. La única fuerza entre Balaklava y la caballería rusa era el 93.º Regimiento, escocés (i.e., con faldita), a las órdenes de Colin Campbell, primer barón de Clyde. En total, unos quinientos hombres.

Representación idealizada de la delgada línea roja.
En verdad, ni siquiera vieron la cara a los rusos, que no llegaron a acercarse tanto.

El coronel se puso heroico y dijo que de ahí no se movía nadie, que no habría retirada posible y esas cosas que suelen decirse, regadas con palabrotas e improperios (que luego son convenientemente censurados en los libros de historia). En vez de formar a sus hombres en cuadro (la costumbre frente a la caballería), los hizo formar en línea de dos de fondo (la delgada línea roja). Si la caballería llegaba a tocar la línea, adiós, porque no podría resistir la carga. Pero (atención) los escoceses estaban armados con los nuevos fusiles Enfield de ánima rayada, que empleaban balas Minié, capaces de tirar con precisión a unos trescientos metros y de alcanzar distancias mucho mayores. Eso era algo que un antiguo mosquete no podía hacer.

No suele hablarse mucho de los turcos que se sumaron a las filas británicas, procedentes del campamento a sus espaldas y de los que habían sobrevivido al ataque de los reductos, que llegaban asustados y desarmados. Campell los sumó a la línea. Entonces, la caballería rusa los vio, ahí desafiantes, y enfiló hacia ellos. No toda ni muy decidida, pues creía que se enfrentaba a una distracción, sólo algunos escuadrones.

Hubo varias descargas cerradas. La primera, a 600 metros de distancia. La segunda, a unos 350 metros; la tercera, a unos 150, y ya no hubo más. Con los fusiles anteriores al Enfield, las descargas se hubieran iniciado a los 150 metros y sin tanta puntería. Fue suficiente, porque, aunque apenas produjeron bajas entre los rusos, sí que detuvieron su avance. Les pilló por sorpresa que pudieran disparar desde tan lejos. Fue entonces cuando, sin saber muy bien hacia dónde ir, se les echó encima la Brigada Pesada (unos mil quinientos hombres de la mejor caballería británica) y los desbarató del todo, con una carga de caballería de manual, casi perfecta.

Para disimular las torpezas del despliegue militar británico y sus errores en el campo de batalla, se cargaron las tintas en el heroísmo, que siempre queda bien. La Brigada Ligera, estúpidamente sacrificada, se llevó la palma, pero la expresión de la delgada línea roja (acuñada por un corresponsal de The Times, un tal Russell) tuvo mayor éxito. Su exageración del éxito y la fortuna de la delgada línea roja formada por el 93.º (y a los turcos, que les den) fue notable y así hasta hoy.

En cuanto a los turcos, merece contarse una anécdota. Los turcos que entonces había en el campamento corrieron a formar la línea junto con los escoceses, pero cuando vieron a la caballería rusa volverse hacia su posición, se lo pensaron mejor y entraron en pánico y comenzaron a abandonar la línea. Entonces salió del campamento la señora del oficial turco al mando, escoba en mano (sic), y pilló a su señor marido en plena retirada. Allá mismo, delante de todo el mundo, lo corrió a escobazos y le tiró de las orejas (sic) hasta que dio media vuelta y volvió a la línea. Con él, el resto de los turcos, que no paraban de ser insultados por tan brava mujer. 

Aunque los fusiles turcos no eran Enfield, se sumaron al ruido de las descargas y seguro que tal cantidad de pólvora provocó que los rusos se lo pensaran dos veces antes de seguir avanzando en esa dirección. Desgraciadamente, el nombre de tan feroz señora no ha quedado registrado en los libros de historia, pero sí su meritoria acción.