Cosas de la estadística



Leído en una nota de prensa del Centro de Estudios de Opinión: 

En el resto de consideraciones sociales subjetivas es mayoritaria la opción mayoritaria.

Vale. Bien. Viva el vino.

Una cuestión capilar


Quien sigue atento al desarrollo del llamado proceso en Cataluña sabrá que pasó por una crisis capilar sin precedentes. El Gran Timonel, don Artur Mas, perdía la batalla contra la alopecia y su cabello, hasta el momento uniformemente negro, comenzaba a mostrar canas discrepantes y pelos que abandonaban la causa, afectando gravemente a la imagen de fortaleza del procesionismo. 

Como cualquier hijo de vecino podrá apreciar, como consecuencia de esta grave situación capilar, el tupé del Gran Timonel fue complicándose hasta convertirse en un remedo mediterráneo del pelaje à la Trump. La situación se volvió insostenible (y el tupé, casi también).

Cambio de tupé por flequillo en el puente de mando.

Ya sabemos el resultado. Se tomaron medidas excepcionales. El Gran Timonel fue apartado del puente y su lugar lo ocupa hoy un guitarrista yeyé, un personaje con un flequillo que parece el telón del Vistarama Palace, el señor Puigdemont. 

Sin embargo... El pasado 11 de julio, don Artur Mas, ahora desprovisto de timón, concedió graciosamente una entrevista al órgano de propaganda correspondiente. En este caso, TV3. Para pasmo de propios y extraños, apareció luciendo una pelambrera negra, negrísima, como ala de cuervo. Ni una cana. Tan severa fue la estupefacción, que nadie se quedó con lo que dijo (pero, tranquilos, no dijo nada interesante).

Algunos periodistas malintencionados (redundancia) publicaron la noticia en la prensa. ¡Don Artur Mas se tiñe el cabello para disimular las canas! Qué gran conmoción.

Viene la prensa diciendo que tan pronto saltó la liebre faltó tiempo a los encargados de comunicación del partido, del proceso, del gobierno y del propio don Artur Mas para desmentir la noticia. ¡El señor Mas no se tiñe el pelo! Literalmente, fue un efecto de la iluminación del plató de televisión.

Y voy yo y me lo creo. ¡Que lo vi con estos ojos! Por favor...


Arriba, en el plató de TV3.
Abajo, unos meses antes.
Juzguen ustedes mismos.


Y eso fue lo que pasó



Natalia Ginzburg tiene una segunda oportunidad, quizá una tercera, en lengua española, porque este año se celebra el centenario de su nacimiento y son varias las editoriales que publican o vuelven a publicar algunas de sus obras. Otras no se han traducido todavía y algunas otras asomaron las narices en los años setenta, con Franco muriéndose o recién muerto, y hasta hoy no han vuelto, aunque siempre hay excepciones. En pocas palabras, la que es una autora consagrada en lengua italiana y una de las mejores escritoras del siglo XX italiano, es relativamente desconocida en España por el gran público, sólo relativamente.

Su marido murió a manos del fascismo italiano en 1944 y su familia y ella misma, en parte judía, en parte católica, casi toda de izquierdas, sufrió el destierro y la persecución durante la guerra. Eso dejó huella en su literatura y explica su implicación en la política: tenía sus razones. De origen triestrino (qué hay en Triestre para engendrar tan buenos escritores), muy ligada a Turín toda su vida (otra ciudad literaria), su obra incluye novelas y cuentos, ensayos, memorias, cartas (magníficas), teatro y unas exquisitas traducciones al italiano de Proust, Flaubert o Maupassant, por ejemplo. ¿No han leído nada de Natalia Ginzburg? ¡No saben lo que se pierden! Lo digo muy en serio.

Acantilado publica Y eso fue lo que pasó (È stato così) traducida por Andrés Barba, su segunda novela, que he leído y disfrutado con grandísimo placer lector. Es una novela dramática, triste, muy realista, impactante, escrita en un lenguaje (aparentemente) sencillo en primera persona por una mujer que confiesa... Lo que confiesa no lo diré, pero sí les diré que está escrito en la primera página del relato y es una tremenda sorpresa. ¡Pum! ¡Caramba! Y a partir de ahí, la novela. Brillante. Muy, muy recomendable.

Oro en sable


A la izquierda, Homer, de EE.UU.
A la derecha, lanzándose a fondo, Szilágyi, de Hungría.

Como un servidor es alumno de la Escuela Húngara de Esgrima de Barcelona, el oro olímpico de Áron Szilágyi ha sido celebrado como propio. El húngaro ha batido a un norteamericano, Homer, en una emocionante final. Sablazo va, sablazo viene, fueron 15 tocados a 8 a favor del húngaro. ¡Felicidades!

El saludo al final. Bravi!

Ay, el amor...


Alexander Pieter Cirk, esperando a que se le sequen los calcetines.

El protagonista de esta historia es un hombre enamorado. Consta que, al principio de la misma, estaba realmente enamorado. Si sigue enamorado, ahora mismo, eso ya no lo sé, pero sospecho que no. Alexander Pieter Cirk, que así se llama el sujeto, traspasó la delgada frontera que separa amor y locura y sufrió por ello.

El paciente enamorado, espera que te espera.

Los periódicos explican que Alexander Pieter Cirk es un holandés de 41 años y las imágenes de una televisión local china, la que ha hecho correr la noticia, nos lo muestran más bien alto, desgarbado, feo, con inclinaciones alopécicas que compensa con una cola de caballo. Lo vemos cuando su situación es ya apurada, descalzo y agotado, dejando que sus pinreles se ventilen mientras se secan los calcetines, que imagino lavados de cualquier manera en los lavabos del aeropuerto de Changsha, en la región de Hunan, China.

¿Qué hacía Alexander Pieter Cirk en el aeropuerto de Changsha, en tan poco elegante situación? Como diría un novelista, es largo de explicar.

Don Alexander Pieter Cirk tuvo la suerte o la desgracia de conocer a una chica por internet. Una mujer china, según todos los indicios, o que vivía en Changsha, lo menos. En fin, que conoció mujer por internet (no en sentido bíblico, se entiende) y quiso conocerla en persona (ahora sí, en cualquier sentido). ¿Por qué? Porque se había enamorado de ella. Por lo que se ve y conoce, perdida, intensa, tontamente. Le dijo ¡Voy p'allá! y fue.

No sé si el amor mata, pero mira cómo dejó al holandés.

Diez días, diez, pasó Alexander Pieter Cirk en el aeropuerto de Changsha, preguntándose por qué su cariñito no iba a recogerle, por qué no aparecía, dónde se habría metido... Él, espera que te espera y ella sin aparecer. Diez días, insisto, diez, hasta que las autoridades lo recogieron del suelo (literalmente) y se lo llevaron a un hospital, con graves síntomas de agotamiento físico. Al parecer, el personaje era diabético y eso lo complicó todo un poco más. De su estado mental, que suponemos ya alterado y dolido, no habla nadie.

La fotografía de la señorita Zhang, en el teléfono móvil de su enamorado. Como pueden observar, tiene un grave defecto en el rostro, un pixelado que estaba operándose cuando llegó su amorcito desde Holanda en avión.

La noticia saltó a la televisión de Hunan y pronto apareció la fémina, el objeto del amor de Alexander Pieter Cirk. Se llama Zhang, tiene veintiséis años y tenía la cara pixelada, lo que explicará lo que ocurrió después.

La mujer confirmó que, en efecto, conocía (no en el sentido bíblico) al varón y que sabía que iba a presentarse de un día al otro. Previendo tal contingencia, para estar más guapa cuando fueran a conocerse (en el sentido que ustedes quieran), se sometió a una operación de cirugía plástica. No se especifica qué se operó, si la nariz, el mentón, los pómulos, las tetas o si procedió a dejarse liposuccionar, pero fuera lo que fuera, fue en otra ciudad. Pero dijo que después de ésa necesitaba tiempo para recuperarse. Fuentes bien informadas han explicado a El cuaderno de Luis que pretendía quitarse el pixelado de la cara, apreciable en las fotografías.

La pregunta es automática: Mujer, ¿no sabías que venía?

Hubo un problema de comunicación. La china recibió un mensaje con números y letras que no supo interpretar. La señorita Zhang, en vez de preguntar qué significaba tan críptico mensaje a su enamorado holandés, fue a lo suyo. Esa combinación de letras y números no era otra cosa que el vuelo que iba a tomar su amado para conocerla. 

Otra versión de la historia es más cruel y por lo tanto, más fiable. Zhang confesaría delante del televisor que cuando vio la fotografía del billete de avión que le envió Alexander Pieter Cirk creyó ¡que era una broma! Además, no volvió a ponerse en contacto conmigo, se excusaría delante de los micrófonos. ¿Dice la verdad? ¿El holandés pasó diez días en el aeropuerto sin enviar ni un mensaje a su queridísima Zhang? Si lo envió, no pude enterarme. Estaba en otra ciudad y fuera de cobertura, porque le estaban quitando los píxeles de la cara. Valiente excusa.

El final de esta historia era previsible. Tan pronto como Alexander Pieter Cirk fue dado de alta en el hospital, pilló el primer avión de regreso a Holanda. Zhang quedó en China para vestir santos, mientras insistía delante de las cámaras de Hunan TV que ella no da por acabado tan intenso romance y que mantiene las puertas abiertas (bonita metáfora) para su amante holandés. Pero no creo que éste ahora quiera conocerla, ni en el sentido bíblico ni en cualquier otro sentido. Que diez días son diez días, caramba.

¡Menudas vacaciones!

Ya lo dicen: Amor es muy travieso.



Ahora, terceros (Gran Premio de Alemania 2016)


Antes, el Gran Premio de Alemania se corría en el viejo Nurburgring, uno de los autódromos con más solera de Europa. El trazado tenía más de 28 km y llegó a ser conocido como el Grüne Hölle (Infierno Verde), porque atravesaba frondosos bosques. Tenía fama de ser un circuito muy peligroso y no se han matado pocos ahí. Ahora no es lo mismo.


Tampoco es la misma la Fórmula 1. Dicen que el año que viene, con neumáticos más anchos, más alerones, menos prohibiciones... No sé. Pero, ahora mismo, la gracia está en comprobar como Hamilton le pasa la mano por la cara a Rosberg. Por lo demás, Ferrari no sólo quedó detrás de Mercedes-Benz, sino también por detrás de Red Bull. La temporada c'est finie! Eso me temo.

El ruido del tiempo



Editorial Anagrama publica, traducida por Jaime Zulaika, la última novela (vamos a llamarla así) de Julian Barnes, El ruido del tiempo. Así lo supe, así me lancé en pos de un ejemplar en mi librería de guardia, porque Julian Barnes es uno de mis autores favoritos. 

En El ruido del tiempo, Barnes echa mano de algo que llamaremos novela (creo que es novela), pero que navega por las aguas del ensayo y la biografía. Es un terreno en el que Barnes se mueve con elegancia y eficiencia, donde sabe dar lo mejor de sí. Recrea la vida de Shostakóvich, el famoso compositor, y gira toda ella alrededor de la complicada y dolorosa relación del arte y el poder, aunque quizá debiera emplear Arte y Poder, con mayúsculas. 

Empieza lenta y hasta parece que erráticamente y sin que uno sepa cómo, cuándo o por qué, está atrapado en el relato y no puede dejar de leer. De errático, nada. Todo está en su sitio. ¡Qué bien escrita está...! Cuando comienza a relatar el miedo que suponía vivir a la sombra de Stalin alcanza una cumbre que muy pocos escritores pueden trepar. Arte, totalitarismo, miedo, sobre todo miedo, humillación, miseria... Hasta qué punto el Shostakóvich que retrata Barnes es el que fue realmente no importa, porque se ha convertido en una creación literaria de primera categoría. La obra es altamente recomendable, toda ella, de principio a fin. Otra vez, una vez más, Barnes vuelve a conseguirlo. ¡Léanla!

Mi plan en vacaciones



Este verano, como el pasado, me han atado a una mesa y tendré que pasarlo leyendo y escribiendo, pero no me quejo. ¡No me quejo en absoluto!

Mi plan es simple. Después de revisado el primer volumen de mi próxima obra, ahora toca revisar el segundo, y cuento con todo el mes de agosto. Es un trabajo a fondo, exigente, que se verá incrementado por la necesidad de algunas ilustraciones y que vendrá acompañado de algún que otro informe de lectura ajeno a la obra. Por ahora, bien.

En septiembre, todo el material habrá sido entregado y entonces procederé a la revisión de las galeradas del primer volumen. Está previsto que se publique la primera semana de octubre. El segundo volumen se publicará la primera semana de noviembre, por lo que las galeradas caerán a finales de septiembre o principios de octubre, ya se verá. En ese intermedio puede caer alguna ilustración más, algún paratexto, quién sabe.

En suma, un verano entretenido. Ahora mismo, contemplaba el éxodo de barceloneses desde el balcón. Me van a dejar solo, lo estoy viendo. Barcelona volverá a tener ese aire de ciudad abandonada e invadida por bárbaros del norte, de sonrosada piel mutada en color gamba, o gamma, por eso de las radiaciones.


Antifraude, del negro al gris


A la izquierda, la directora interina de la OAC en el acto de perder su trabajo.
A la derecha, el nuevo director, ganando su último asiento antes de la jubilación.
Fotografía del señor García, en El País.

Me equivoqué, lo admito. El Parlamento de Cataluña ha encontrado bien pronto un nuevo director para la OAC (Oficina Antifraude de Cataluña). 

¿Quién es? Un viejo amigo de la señora de Gordó, consejero de la antigua CDC; un juez que se negó a condenar al señor Crespo, también de CDC, por prevaricación, aunque admitía que el señor alcalde de Lloret había recibido regalos, en efecto, de la mafia rusa. En fin, un tipo con sus más y sus menos, que ha merecido el visto bueno de la cámara.

Se llama Miguel Ángel Gimeno y pretende jubilarse como director de la OAC. Su intención confesa es promover acciones preventivas contra la corrupción (sic), que incluyen la formación de cargos públicos (sic), aunque no ha entrado en detalles sobre la investigación y la persecución del fraude. 

A partir de ahora, el negro panorama de la OAC cambia a gris. Qué gris, ya se verá. Clarito, oscuro... Más luminoso que ahora, seguro. Pero Eliminado De Alfonso, ahora uno se pregunta cuándo dejará la oficina la primero directora adjunta y luego directora interina, la señora Masià. ¿Antes o después de irse de vacaciones? Después de la publicación del nombramiento en el DOGC, seguro. Imagino los brindis en la proximidad de la máquina del café, cuando nadie mira, y las sonrisas amagadas tras miradas de complicidad en la oficina. Felicidades.

Ampliación de la noticia, 5 de agosto.

Publica La Vanguardia que el señor Gimeno ya ha escogido un nuevo director adjunto de la OAC, el también juez Tomàs Salàs. La señora Masià tiene las horas contadas en el cargo.

También consta que una de las primeras acciones que llevará a cabo en la OAC será una auditoría interna, visto el estropicio causado por los últimos directores, directores adjuntos e interinos. Se menciona especialmente el abultado coste de los viajes que llevaron a cabo director y directora adjunta a China, los EE.UU., etc., que, a fin de cuentas, no han servido para nada que no sea un paripé.

Por otro lado, corren voces sobre lo mucho que el señor Gimeno tiene que agradecer a la antigua CDC, pero todavía es pronto para juzgar si responde a los favores o mantiene su independencia. Sí que parece, sin embargo, que el perfil de la futura OAC no será tan activo en la lucha contra el fraude y la corrupción porque intentará poner el acento en las tareas preventivas. ¿Qué son las tareas preventivas? Repetir ante los potenciales ladrones: Portaos bien, sed buenos. La pregunta es si alguno podrá aguantarse la risa ante la efectividad de tales medidas. Se verá.

¡Ánimo, Javier!



Hace unos años, la televisión municipal de Barcelona (BTV) emitió un programa que se ha convertido en leyenda, Saló de lectura. Solía acabar con una ronda de lectores que hablaban con Emilio Manzano, el presentador. Cada uno de ellos traía uno o varios libros que les habían llamado la atención. Entre estos lectores estaba Javier Pérez-Andújar, que entonces no conocía de nada. ¿Quién es ése?, me preguntaba. Nos obsequiaba con un humor blanco, muy guasón, pero muy inteligente, mientras titubeaba y parecía que hacía esfuerzos para sobrepasar una agobiante timidez (me daba esa impresión, siempre me la ha dado). Recuerdo todavía cómo me hizo reír el día que presentó la biografía de un mago ilusionista que hacía juegos de prestidigitación... ¡y era manco! ¡De las dos manos! En fin, un hallazgo.

Lo primero que leí de Pérez-Andújar fue Los principes valientes, mucho después. Quedé pasmado. ¡Qué maravilla! Siguió la lectura de Todo lo que se llevó el diablo, que no me fascinó tanto, pero que considero excelente. Luego llegó Paseos con mi madre, otra obra mayúscula, y a partir de su lectura iba diciendo por ahí a cualquiera que quisiera escucharme que entre los mejores escritores catalanes (y españoles) vivos tenía que estar en primera fila éste, Pérez-Andújar. Qué bueno, sigo diciendo. Catalanes todos, y una pequeña pieza burlesca que lo acompaña, son impresionantes y su nivel de escritura es sensacional. Comenzó a escribir en El País y algún artículo me ha gustado más que otro, pero todos merecen estar en lo más alto. Literariamente hablando, son pequeñas obras maestras. Ahora tengo en lista de espera su Diccionario enciclopédico de la vieja escuela, que espero disfrutar tan pronto me saque de encima algunos trabajos. 

Todo el que sabe de libros y conoce el trabajo de Pérez-Andújar coincide conmigo: escribe muy bien. Gustará más, gustará menos, divertirá o aburrirá, se estará de acuerdo con lo que dice o no se estará, pero ¡coño! ¡Cómo escribe! Es de los pocos autores que proporciona eso que llaman el goce de la lectura, que es pasárselo bien leyendo, no importa qué. Me corroe la envidia cuando pienso que nunca escribiré como él, pero envidia de la buena, que conste.

Coincido con él en la edad y muchos de sus referentes son también míos. Los tebeos, las series de televisión, gran parte de la cultura popular que tanto ama, porque, dice, la cultura popular es la cultura de los pobres. A partir de ahí, también noto las diferencias. Él es hijo de una ciudad-dormitorio, San Adrián del Besós, y de una familia obrera; yo nací en el seno de una familia de clase media que, poco a poco, fue dejando de serlo, y siempre he vivido en el Ensanche barcelonés. En cualquier caso, las diferencias enriquecen y el humor se agradece. Leyéndole, aprendo, comprendo y comparto.

Ganó el Premio Ciudad de Barcelona en 2014 y la hoy alcaldesa, la señora Colau, lo ha anunciado como pregonero de la Fiesta Mayor de Barcelona. ¡Muy buena elección! 

Aquí se ha liado.

Hay personas que, carentes de vida intelectual suficiente, se dejan arrastrar por el fanatismo de una religión sin hacer preguntas y hoy, aquí, en Cataluña, ya sabemos todos qué religión es ésa. Los fanáticos se distinguen de las personas normales por su omnipresente falta de sentido del humor, que se manifiesta con acritud y odio (verdadero odio) cuando alguien se ríe, o apenas sonríe, de las cosas absurdas que los fanáticos hacen o dicen creer. A su alrededor, el ambiente es asfixiante, la inteligencia se escurre y el clima es, por lo general, desagradable. No admiten que nadie les lleve la contraria, que alguien esgrima razones, pero lo que no soportan de ninguna de las maneras es la risa. Como decía un gran sabio, si no quieres que se rían de tus creencias, no tengas creencias ridículas. 

El anuncio del pregón de Pérez-Andújar ha hecho saltar las chispas entre los fanáticos catalanes que digo. El procesionismo, en su versión más cutre, fanática y cerril, se ha puesto como una moto al conocer la noticia. Porque el señor Pérez-Andújar no es uno de los nuestros (de los suyos, quiero decir) y tiene la tremenda osadía de no tomarse en serio el asunto del Proceso, que le da mil vueltas en complejidad y enjundia al misterio de la Santísima Trinidad, y es mucho más importante y transcendental que ése.

Algunos individuos están procediendo, pues, a un linchamiento público muy desagradable, porque no tiene razón de ser y porque muestra el grado de respeto, tolerancia e inteligencia del que disfrutamos en Cataluña los que no somos creyentes procesionistas y no sabemos callárnoslo. Por si no lo han entendido, lo de respeto, tolerancia e inteligencia era un sarcasmo. Lo digo porque los fanáticos no suelen ser muy leídos y son incapaces de digerir correctamente la ironía, y eso cuando dan con ella.

Una de las máximas exponentes de este fanatismo, y una de sus mayores propagandistas, es un personaje femenino de voz desagradable y evidente falta de educación. Al menos, cuando aparece en televisón o en los programas de radio, donde su grosería es legendaria. Es, a decir de muchos, la periodista más famosa de Cataluña, que no es decir la mejor, no se confundan. Es, en efecto, doña Pilar Rahola, a quien Dios guarde de daño muchos años, mientras nos regale a todos con su perenne afonia, por favor.

En su última columna en La Vanguardia (El pregón), arremete contra Pérez-Andújar como si éste le hubiera matado a un hijo y no dice más que memeces. Critíca del escritor precisamente lo que tiene de bueno: su amor por la cultura popular y sus artículos de opinión. Le revienta que dé voz a la los obreros que llegaron a Barcelona de otras partes de España, que aquí siempre se han considerado inmigrantes, dicho así, con superioridad y suficiencia. Ellos, sus hijos y hasta sus nietos llevan todavía esa etiqueta y no se la sacan de encima. 

Si no me creen, dice del pregón (cito): De manera que la cosa irá, más o menos, de esta guisa: enaltecimiento del pueblo obrero y de los barrios marginales, convertidos siempre en la contraposición ideal de la pérfida ''Barcelona burguesa'', defensa del cosmopolitismo frenet a los provincianos ''catalufos'' y, como decía Salvador Cot, un poco de Serrat y Gimferrer, para aliñar la perorata. Por cierto, ¿qué culpa tienen Serrat o Gimferrer de nada de esto? ¿Cómo sabe cómo será el pregón? ¿Ya lo ha leído? ¿Cómo puede criticar algo que todavía no está escrito?

No soporta su (para ella) insufrible distanciamiento sentimental de cualquier nacionalismo, ni su posición política, próxima a una izquierda obrera y popular que cuesta decir que hoy exista. En cuestiones políticas es fácil no estar de acuerdo, y eso no se lo critico a nadie, pero cuando asoma la oreja del fanatismo... Ah, doña Pilar, ésa es otra cuestión. Asoma la oreja de un monstruo que no quisiera para mi país, pero que ya está entre nosotros y lleva demasiado tiempo presente y activo. Usted es prueba de ello, como lo son sus gritos, y un vistazo a las redes sociales basta para convencerme.

Ataca al escritor de San Adrián diciendo que es un intelectual (sic) y añadiendo, jugando a ser irónica sin serlo (cito): Como bien sabemos, sólo son intelectuales de categoría los que cumplen tres requisitos: ser de izquierdas, defecar encima del independentismo y publicar artículos en El País, de donde siempre salen los pregoneros progres políticamente correctos.

Ah, bien, señora Rahola, bien. Es decir, usted no es intelectual, no. ¡Ya lo decía yo...! Usted es eso que llaman una autora mediática. ¡Cómo le jode que le digan autora mediática! ¿O no? Si usted no fuera famosa por sus intemperancias en radio y televisión, jugando a ver quién grita más, sus libros serían juzgados por lo que son realmente. Son malos, por si no lo sabían. Añado, con toda intención, que un artículo del escritor de San Adrián contiene más literatura, de media, que todas las novelas de la señora Rahola juntas, incluyendo cubiertas y contracubiertas. Así lo digo y así lo creo.

Pero puestos a seguir su argumento, por lógica usted sostiene que un intelectual de categoría tendría que ser, en verdad, de derechas, adular al independentismo, abjurar de la Barcelona abierta y cosmopolita, preferir una sociedad cerrada sobre sí misma que no admita discrepancias y escribir en algún periódico afín, como La Vanguardia o, mejor, el Ara o el Punt Avui. ¡Naturalmente! Eso lo explica todo. 

Usted escribe en La Vanguardia, pero predica a gritos en radios y televisiones catalanas que estás conmigo o contra mí. Lo de adular al independentismo no hace falta que nos lo recuerde a gritos, insisto, que ya sabemos que usted quiere irse de España (y nos preguntamos por qué todavía sigue aquí y no da la murga en otra parte, cosa que agradeceríamos infinitamente). Y usted, naturalmente, ¡es de derechas! De derechas de toda la vida, amiguita de Artur Mas, burguesa barcelonesa, etcétera, ahí está su currículum, aunque no se le nota la buena escuela por ninguna parte. Y creo que ya me he despachado a gusto.

Pues, no. No importa que uno sea de derechas o de izquierdas. No importa que uno escriba en un periódico u otro; tal y como está la cosa, uno escribe donde le dejan y lo que haga falta. No importa que uno sea de un barrio o del otro. ¡Sólo faltaría! Incluso no importa que uno prefiera el cosmopolitismo o se incline a favor de un reduccionismo provinciano. Qué más da. ¡No importa nada de eso! Lo que importa es la inteligencia, el humor, una mirada crítica sobre el mundo y un buen hacer con la palabra. Que no quiera vencer, ni siquiera convencer, sólo hablar y escuchar. ¡Eso es lo importante!

¡Ánimo, Javier!

Preparando mi libro



Continúa adelante mi libro y aquí me tienen, en verano, poniendo en orden el manuscrito después de la edición y preparando las ilustraciones que (eso me han dicho) podrían acompañar al texto. 

Por ahora, como no es ni público ni privado, les dejo con la intriga del título, que no del autor. Pero sepan que, si todo sale según lo previsto, se publicará en dos entregas, que podrían ser la primera semana de octubre y la primera de noviembre. 

Poco a poco irá desvelándose el misterio.

En la encrucijada (Gran Premio de Hungría 2016)



Este fin de semana, la Fórmula 1 pasó por Hungría. El resultado ha sido el siguiente: Hamilton supera a Rosberg y los Mercedes-Benz no hay quien los toque. Ferrari se ve superado por Red Bull y lo tiene crudo. En carrera, Raikkonen hizo una notable remontada y Vettel quedó cuarto, pero los Ferrari... 

De hecho, la Scuderia tiene un problema. O se dedica en cuerpo y alma ahora mismo a prepararse para el año que viene o intenta ganar alguna cosa en lo que queda de campeonato. Cualquiera de las dos opciones es incómoda. 

Éste es el resumen, que viene siendo el habitual en las últimas temporadas.

Nepotismo convergente en Antifraude


Se veía venir. Ayer recibí varios mensajes que me avisaban de un suceso que en cualquier otra parte provocaría un escándalo. Me adjuntaban un enlace con el DOGC (Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña), éste:


La señora Masià, la directora interina de la OAC (Oficina Antifraude de Cataluña), ratifica en su cargo a tres técnicos eventuales después de haber organizado una purga en la que se sacó de encima a cuatro directivos sin razón justificada alguna. En comisión parlamentaria dijo que se los había sacado de encima porque eran empleados eventuales y personas de confianza del señor De Alfonso. ¡Toma! ¡Como ella misma!

Fíjense en el documento que he adjuntado. La señora Masià ratifica en su cargo a Susanna (Susana en el DOGC) Cano, que fuera ¡candidata por CDC a las últimas elecciones al Parlamento Europeo! Sí, muy atrás en la lista, pero muy orgullosa de fotografiarse en público al lado de los señores Mas y Pujol padre y presumir de ello en las redes sociales. En su día, su nombramiento por De Alfonso causó algo de ruido, porque fue poco después de haber colocado como directora adjunta a la señora Masià. Entonces, De Alfonso era un héroe de CDC, porque estaba invadiendo la OAC con gentes afines al partido. El señor Mas y todo CDC corrieron a defenderlo. Qué tiempos aquéllos.

Un recuerdo del caso en este recorte de El Mundo, donde también se repasa el currículum de la señora Masià.


Ha ratificado, decía, a la señora Cano, tan escogida por De Alfonso y tan eventual como ella misma, tan amiga de los amigos de CDC como ella misma, tan comprometida con la causa convergente como ella misma. Pero ha echado a la calle a cuatro cargos de la OAC que no eran tan amigos de ella misma.

Se dijo, en la misma sede parlamentaria, que los despidos habían sido discrecionales e injustificados y que la directora interina estiraba más el brazo que la manga. ¿Puede un cargo interino tomar tales decisiones? Legalmente, es posible, porque no se contemplaba esa posibilidad cuando se redactó el reglamento de la OAC. En principio, un director interino ha de gobernar el día a día esperando a que llegue el nuevo director, y será el nuevo el que organice los cargos a su antojo y según su criterio. Pero... Ella es así.

Dejando a un lado el vacío legal, esos despidos fueron considerados éticamente cuestionables por los señores parlamentarios. ¿Por qué echa a la calle a quien propuso auditar la OAC para ver quién podría estar implicado en las grabaciones de las conversaciones entre De Alfonso y el ministro Fernández? ¿Tanto miedo tiene(n) a una auditoría interna? ¿Por qué ratifica, en cambio, a una antigua candidata electoral de CDC? Etcétera. 

Dicen los periódicos (y mis informantes) que el clima en la oficina es ahora asfixiante, y eso que el aire acondicionado funciona. Sucedió algo parecido cuando la señora Masià pasó por el ICAEN (Instituto Catalán de Energía) y eliminó uno de cada tres empleos en un par de años mientras daba tratos de favor (ejem) a amigos y conocidos.

La noticia ha sido publicada hoy en el periódico eldiario.es. Aquí:


Más en:


Los afiliados a CDC y los asociados a PDC


Qué bien se lo pasan en sus cosas.

Es como el cuento del elefante que ha parido a una hormiga. En un profundo, meditado, drástico y ejemplar esfuerzo de renovación, CDC ha sido apartada y ha nacido PDC (a título provisional), y prueba de ello ha sido que en su primera votación después del ruidoso parto han dado su apoyo incondicional al PP en la Mesa del Congreso en Madrid y que el señor Mas ha sido reelegido con el 95% de los votos, a falta de ningún otro, tal y como estaba previsto. ¡Renovación total y completa! Absoluta. Sobre algún que otro cargo hoy de relevancia en PDC, véase aquí, por ejemplo (y fíjense ustedes en la fecha).

¡Vayamos al meollo del asunto! Me extraña que en este proceso de (re)elección los periodistas no se hayan fijado en un pequeño detalle. No tan pequeño, a mi entender. 

Cuando decidieron hacer borrón y cuenta nueva con CDC, el partido contaba con aproximadamente 30.000 afiliados, aunque sólo 15.000 estaban al tanto de los pagos de las cuotas de filiación. Esos 15.000 eran los que tenían derecho a voto y decidieron lo que decidieron, cambiarlo todo para que todo siguiera igual. Ahora, eso sí, en vez de afiliados, los convergentes son asociados, no vayan ustedes a confundirse, que el cambio va en serio. Pero ya no son 15.000. El señor Mas ha sido (re)elegido con 5.000 votos, el 95% del total de votos emitidos. Votaron unos dos tercios de los asociados. 

Es decir (echen cuentas) la nueva PDC cuenta con 8.000 asociados convergentes. ¿Qué hay de los 15.000 afiliados al corriente de pago que tenía la antigua CDC? ¿De los 30.000 que, paganos o no, se decían con carné del partido? 7.000 convergentes han decidido ahorrarse pagar la cuota al partido y si te he visto, no me acuerdo. De eso no habla nadie, no pregunta nadie, ningún periodista, y para mí que es un asunto digno de interés. ¿No piensan lo mismo que yo? 

Seguramente, no. Es tan aburrido... ¡Tienen razón! ¡Disfruten de las vacaciones!

La cucaracha


Comí el otro día en un restaurante donde abundan, en otras mesas, personas de la vida pública y semipública, gente de corbata y opinión rimbombante, en su mayor parte tertulianos de televisiones autonómicas, directores de oficina bancaria, ejecutivos de pacotilla y directores generales de algún ente público. Les une creerse gran cosa y compartir sitios y lugares, donde se dan importancia los unos a los otros. 

Un sitio como ése, donde sirven menús de mal comer, poca sustancia, precocinados, a poder ser en platos grandes, a precios que el común sólo se permite algún que otro día de fiesta, un sitio como ése, decía, les va de perlas. Con el cuento de que están comiendo de menú y no echan mano de la carta, los formadores de opinión (sic) se creen con derecho a ser la voz del público y los cargos públicos o semipúblicos pueden pavonearse de su presunta cercanía a los problemas de la gente... de la gente que ellos conocen, no vayan a confundirse. Estos días, tales problemas son banalidades sobre la Cerdaña o la Costa Brava que no interesan a nadie.

En ese sitio estaba yo, ya me ven. Fuera de lugar y hambriento. ¿Qué? Está bueno, ¿eh? Aquí la comida es una maravilla, me insistían, y yo, dentro de mí, pensando que era una mierda, pero disimulando. ¿Cuánto tendré que pagar por esto?, me preguntaba escandalizado. En ésas, llegaron a mis oídos unos pasitos, como de tacón fino. Tac tac tac tac... sonaban.

Imagen de archivo de Gregor Samsa.

Alcé la cabeza y descubrí una cucaracha prodigiosa cruzando el piso, una cucaracha que parecía un autobús, camino de la cocina. Tac tac tac... hacían sus patitas al caminar. Estuve a punto de preguntarle si no era Gregor Samsa, para pedirle un autógrafo. No parecía apurada, sino acostumbrada al camino, y tan gorda como bien alimentada parecía acudir a un lugar de reunión o trabajo. Tac tac tac tac... Atravesó el comedor, se metió en la cocina y era tal la familiaridad del bicho que lo supongo saludando al entrar. Desapareció de mi vista, dejando a su paso el recuerdo de su lustrosa presencia.

Miré a mi alrededor. Ahí estaban, lustrosos también, esos tontos de pacotilla, zampándose el mismo menú que el contubernio de cucarachas del local. También saludan al entrar y atraviesan el comedor con el mismo ruido de pasos, la misma parsimonia, esa familiaridad y esa superioridad que les da creerse la mejor cucaracha del lugar.